Mujeres científicas IV. Irène Joliot-Curie

Irène Joliot-Curie nació el 12 de septiembre de 1897 en París, siendo la primera hija del matrimonio Curie. Es imposible hablar de Irène sin mencionar también a su madre: Maria Skłodowska, conocida como Marie Curie, fue la primera mujer en recibir un premio Nobel, junto con Becquerel y su marido Pierre, en 1903. Inicialmente, el Comité sólo quiso dárselo a Pierre y Becquerel, pero un miembro del Comité, Magnus Gösta Mittag-Leffler, informó a Pierre de ello. Tras la queja de este, el Comité recapacitó e incluyó a Marie en la nominación para el Nobel de Física [1]: «Por sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de la radiación descubiertos por el profesor Henri Becquerel». Al año siguiente de obtener el Nobel, nace Ève, la segunda hija del matrimonio. Pierre moriría dos años después, aplastado por un coche de caballos.

Tras la muerte de Pierre, entra en juego el abuelo paterno de Irène, Eugène Curie.Él y Marie deciden crear una Cooperativa de enseñanza, donde notables científicos se turnaban para educar a los hijos del resto. El proyecto finaliza en 1910, con la muerte de Eugène [2]. Irène termina sus estudios en un liceo y se matricula en ciencias en la Sorbona, pero estalla la Primera Guerra Mundial. En ese momento, los rayos X acababan de descubrirse y empezaban a usarse en la medicina. Marie, a quien le habían entregado su segundo premio Nobel el año anterior (en Química y en solitario esta vez, «por el descubrimiento del radio y el polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este destacable elemento químico»), quien al ver que no puede servir a su país de origen, lo hace en su país de adopción: da casi todo el dinero de ambos premios Nobel al Estado francés, como préstamo de Guerra [3]. Además de eso, organizó una unidad móvil de rayos X, para poder ir al frente, aprendiendo a conducir y anatomía médica por su cuenta [3]. Se encargó de formar al personal sanitario, y encabezar en persona la unidad en el frente [3]. Pero no fue sola, ya que su hija Irène, de 17 años, abandonó París para acompañar y ayudar a su madre en el servicio de radiología [3]. Con 18 años ya podía dirigir la unidad radiologica y enseñar a los voluntarios a utilizar rayos X en un hospital de Flandés [3]. Esto hizo que la buena relación personal y científica que mantenían madre e hija se reforzara. Entre 1917 y 1918 se hicieron más de un millón de radiografías en el frente [3].

irene_and_marie_curie_1925

Irène y Marie Curie trabajando (1)

Tras el fin de la Guerra, Irène vuelve a sus estudios, consiguiendo doctorarse en 1925 en el estudio de la emisión de partículas alfa por una fuente de polonio; en ese momento llevaba ya cinco años trabajando en el Instituto del Radio como ayudante de su madre. Ese mismo año hace su aparición Fréderic Joliot, un joven estudiante que llegó al Instituto recomendado por Paul Lanvegin (amigo íntimo de la familia Curie). Fréderic a trabajar a un laboratorio silencioso y serio (Marie solía ir vestida siempre con un sencillo vestido negro, y ser una mujer de pocas palabras, e Irène era igual a ella en ese aspecto), esquivando a Irène, la ayudante preferida de la jefa [4]. Al cabo del tiempo, Irène y Fréderic se conocen y conversan, haciendo amistad primero, y enamorándose después. Marie desconfió mucho de este amorío, ya que Irène había declarado que no quería casarse, y Fréderic tenía un caracter “libertino” y extrovertido que hacía que Marie desconfiara de él [4]. Marie trató de disuadir a su hija de casarse, ya que tenía miedo que el único motivo que impulsase ese matrimonio fuera que Fréderic quisiera heredar el apellido y el prestigio de la familia Curie. Además, Marie insistió en que llegasen a un acuerdo que anulase la ley francesa que hacía que los maridos controlasen las propiedades de sus esposas [4]. Pero Irène desoyó a su madre e hizo lo que quiso, casándose en 1926 con Fréderic, aunque durante años Marie se refería a Fréderic como “el hombre que se casó con Irène” [4]. Pese a todo, los temores de Marie de que Fréderic quisiera quedarse con el apellido Curie no se cumplieron, ya que el apellido del matrimonio fue Joliot-Curie y firmaban profesionalmente con sus apellidos de solteros [2].

Al año siguiente, el matrimonio tuvo a su primera hija, Hélène, que años más tarde se casaría con el nieto de Paul Langevin y actualmente es profesora del Instituto de Física Nuclear de París y directora de Investigación Emérita en el CNRS. Al poco de este nacimiento, contrajo tuberculosis y el médico le recomendó que debería bajar su ritmo de trabajo y no tener más hijos. La semana siguiente volvía a trabajar al laboratorio y cinco años después nacería Pierre (actualmente es bioquímico) [4]. Durante los años siguientes, Fréderic terminaría primero su tesis doctoral centrada en la electroquímica, para después empezar a investigar juntos.

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Fréderic e Irène Joliot Curie (1934) (2)

La base de sus investigaciones es el estudio de las emisiones radiactivas, sobre todo siguiendo la línea de investigación del grupo que dirigía Rutherford. Para ello usaron los 200 milicurios de Polonio del Instituto del Radio, bombardeando berilio con partículas alfa, repitiendo los expermientos de Bothe y Becker. Publicaron sus resultados en 1932, planteando que el hecho de que las partículas que lograban atravesar la cámara de niebla y los bloques de plomo, eran radiación gamma de alta energía [2] [4]. Chadwick, que trabajaba en el Instituto Cavendish en el grupo de Rutherford, le comunicó los hallazgos al mismo que dijo “No lo creo”. Intrigado por esta respuesta, Chadwick inició una investigación cuyos resultados publicaría ese mismo año, con los que descubrió el neutrón y que le valieron el premio Nobel de Física en 1935 [2] [4]. Pero este fallo en la investigación no desanimó a los Joliot-Curie, sino que siguieron investigando la interacción de las partículas alfa emitidas por el polonio con otros materiales.

Finalmente, descubrieron que la interacción de las partículas alfa con determinados elementos producían protones y positrones que no deberían de estar allí. Tras varios experimentos intentando averiguar que sucedía, llegaron a la conclusión final: algunas elementos se volvían radiactivos de forma artificial. Publicaron dos artículos: uno en francés con Irène como primera firmante, y otro en inglés con Fréderic como primer firmante [4]. El descubrimiento de la radiactividad artificial les valió el Nobel de Química en 1935. Al año siguiente Irène es nombrada Subsecretaria de Estado para la Investigación Científica y en 1937 accedió a una cátedra en la Sorbona; ese mismo año Fréderic es nombrado catedrático en el Collège de France y abandona el Instituto del Radio para formar su propio laboratorio donde construyó el primer ciclotrón de Europa occidental [4].

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Carta de Irène Joliot-Curie en el juego de cartas de Mujeres científicas (3)

Como ya pasó con la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial pilla a ambos en Francia. Una de las primera cosas que hacen es dejar de publicar cosas relacionadas con la radiación artificial, para que los nazis no pudieran valerse de su conocimiento. Lo siguiente que hacen es confiar sus documentos Hans von Halman y Lew Kowarski, para que los pongan a salvo en Inglaterra, en 1940 [2]. Durante la Segunda Mundial, Irène abandona el país, quedándose en Suiza, debido a su tuberculosis había empeorado, pero menudencias como una invasión nazi no le impedirían hacer visitas a la Francia ocupada para poder ver a sus hijos y su marido (que estaba ocupado preparando cócteles molotov para la resistencia francesa [4]), siendo detectada en la frontera por los alemanes en más de una ocasión. Finalmente en 1944 llevan a Hélène y Pierre a Suiza con Irène [5].

Desgraciadamente, en 1946 un accidente de laboratorio hace explotar un tanque donde se almacenaba el polonio, quedando Irène expuesta a él y contrayendo una leucemia que sería la responsable de su muerte, en 1956, aunque el matrimonio seguiría trabajando junto hasta 1955, con el diseño de los planos de un nuevo Instituto en la universidad D’Orsay [5].

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Fuentes y referencias:

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